A Propósito de Encuentros: breve aproximación a la imagen del otro en la Conquista de América


América es un continente de grandes cambios, un área donde encontrarse con lo opuesto es habitual, un amplio territorio donde los movimientos migratorios parecen de nunca acabar, y es que parece que estamos constantemente reviviendo lo que pasó hace siglos atrás: la conquista del continente. Este evento es, si se quiere, el más importante si de estudiar el concepto de contrario se trata, ya que es el encontronazo de dos culturas que no tenían ni idea la una de la otra. Los españoles creían haber llegado a ricas tierras del oriente que ellos conocían como “Las Indias” y los indígenas por un instante creyeron estar frente a criaturas enviadas por los dioses. Este fue el umbral del desencuentro en el encuentro.

El Almirante Colón emprendió su viaje a hacia oriente muy bien equipado. Tres naves, numerosos hombres, traductores, escribanos, son tan solo una pequeña contabilidad del grupo que acompañó a Colón para llevar a cabo tan difícil empresa de echarse al mar en busca de lo desconocido. En casi todos los casos, el apoyo resultó beneficioso para la conquista, salvo uno: los traductores que El Almirante llevaba consigo no servían para nada porque eran especialistas en griego, arameo, hebreo pero no en las lenguas de los habitantes de las nuevas tierras, que eran muchas y muy variadas. Esta falta de equipo especializado trajo un serio inconveniente, la dificultad de los españoles para comunicarse con los desconocidos, la cual “resolvieron” con la una aplicación de un código improvisado que funcionaba mediante señas.

Por esta razón los primeros intentos de establecer una comunicación coherente con los indígenas se veían truncados, aunque Colón en sus registros dijera todo lo contrario “y les hice señas qué era aquello y ellos me amostraron como allí venían gente de otras islas…” esta nota extraída de El Diario de Colón (pág 25) es la inaugural en hacer referencia al sistema de comunicación establecido por el colonizador, y muestra la increíble capacidad de Colón para hacer creer que, desde el primer día, este sistema fluyó sin ningún tipo de dificultad. Las razones para creer que las señas no eran suficientes para establecer qué decía el otro, son muchas y en las líneas sucesivas vamos a desarrollarlas, aunque no con toda la extensión por carecer del espacio para ello.

En primer lugar, la llegada de los españoles contribuyó a que la oralidad, principal forma de mantener costumbres, leyes y formas de organización de los indígenas, quedara relegada a los grupos sociales que se convirtieron en marginados, debido a que ahora el control sería ejercido por un grupo que esgrimía eso que conocemos como escritura. Según lo expuesto por Cassany, (1999) “lo escrito es un hecho cultural, un artefacto inventado por las personas para mejorar su organización social: para comunicarse a distancia, establecer formas de control grupal o acumular los saberes e inaugurar la historia en el sentido actual”, visión que no escapa mucho de lo que aquí estamos estudiando, puesto que los españoles, por medio de la escritura, lograron la creación de nuevos estatutos sociales, la dominación de naciones enteras y la permanencia de su voz en el tiempo.

Seguidamente, encontramos a las sociedades prehispánicas que tenían sistemas de organización en sus comunidades, estos iban desde lo político hasta lo religioso. Como ya se ha comentado, la manera más propicia para transferir a su grupo dicha organización era manteniendo una cultura de la oralidad, a través de algo que hoy conocemos como “memoria colectiva”, que se encargaba de transmitir las historias, las reglas y las costumbres de una generación a otra. Por su importancia para la comunidad, esta práctica era tan variada en su repertorio, que tenían expresiones cantadas para transferir de generación en generación discursos importantes para la colectividad. Muy a pesar de los glifos y otras representaciones gráficas, la oralidad siempre fue la principal herramienta de transmisión y organización de estos pueblos, esto se debe a que las representaciones gráficas tenían como objetivo principal la representación cósmica y natural del entorno que ocupaban, mientras que con la oralidad traspasaban todas sus tradiciones. Era tan determinante que, algunas naciones, tenían especies de escuelas destinadas al mejoramiento y uso correcto de las formas de su lengua, sin duda una práctica rica en el fortalecimiento de lo autóctono.

nativos

Es por esta razón es que ese “artefacto tecnológico”, del que habla Cassany, permitió que los lugares cambiaran de nombre, “á la cual puse nombre la isla de Santa María de la Concepción”, “á la cual pongo nombre de Fernandina”, que los pobladores se (re) organizaran o migraran por causa de la furia del colono, que la comunicación se volviera improbable y sobre todo, que se amplificara el poderío de quien regía a la escritura. Estas razones son más que suficientes para deducir que la conquista fue un control letrado más que militar, porque suponía una instauración de cambios a través del derecho que les confería a los españoles lo escrito, la explicación de ello nos la da Lienhard, (2003) “…la nueva legalidad instaurada por la conquista se remite exclusivamente a la escritura del poder europeo”, de ahí que en el primer viaje de Colón faltaran misioneros pero no un escribano que dejara constancia de todo cuanto se hacía en las nuevas islas: “El almirante llamó a dos capitanes y á los demás que saltaron en tierra, y á Rodrigo Descovedo, Escribano de toda el armada”. Cuando en ese primer viaje se halló tierra lo primero que se hizo fue tomar posesión de ese lugar y dicha posesión se hace efectiva gracias a la presencia de un escribano, un notario encargado de dejar por escrito todas las incidencias legales del viaje colombino.

Entonces es menester partir desde ese punto para reflexionar sobre tres aspectos presentes en la docta conquista: ¿cómo es posible que la escritura cambie el mundo? ¿Sabían los españoles que su dominación sería mayor si controlaban lo escrito? ¿Cómo era la mirada hacía el otro?

Para responder a la primera pregunta debemos hablar sobre una característica distinguida de la escritura, y no es otra que su poder de creación, de producción. En este
sentido, es un poder para la realización de nuevos mundos, ya sea reales o ficcionales. En la conquista, la escritura permitió la realización de un estado no solo político sino religioso y burocrático, este último me parece el más importante debido a su capacidad de supremacía, ya que la creación de leyes, documentos y normas fueron las que sellaron el triunfo a partir de la dominación sobre los otros. Esto no quiere decir que los nativos no contaran con una sociedad organizada, con leyes o costumbres, quiere decir que, tal como se explicó antes, los españoles lo implementaron a través de la escritura que difería con la de los indígenas en su representación porque era escrita, era indiscutible. Con un poco de tinta y papel se podía despojar de tierras o de cualquier patrimonio.

Veamos este ejemplo, cuando Cristóbal Colón llegó a “Las Indias” ya todo poseía un nombre pero no había un registro escrito, además nuestro conquistador no manejaba la lengua que se hablaba en estas tierras. La solución fue práctica, dar nuevos nombres y dejar registro escrito de ello, sin olvidar además que se hacía en nombre de Dios y del Rey, por esto los hombres que se encontraban en las islas debían aprender la nueva religión, la nueva cultura, la “convivencia” con los nuevos extraños y hasta debían aprender a hablar ya que, según Colón, no sabían hacerlo por lo cual era pertinente enseñarles “levaré de aquí al tiempo de mi partida seis á V.A. para que desprendan fablar”, el cambio al que se enfrentaban los indígenas no era nada justo, los españoles nunca mostraron interés por aprender a hablar las lenguas aborígenes, pero estos si debían hacerlo, era además autoritario.

Así pues, el carácter productor de la escritura fue cambiando progresivamente la realidad. Era todo un progreso que los indígenas obviaban mientras que los españoles usaron como su arma más potente para cambiar el entorno y, más importante aun, para ser los dueños y únicos autorizados para contar la historia. Por la escritura, fueron conocidos los nuevos hombres en el viejo mundo, ahí se materializaba el desencuentro puesto que las referencias que allá llegaban eran de hombres pecadores, caníbales, salvajes y esa escritura influía en aquellos que nunca habían visto si quiera en pinturas a un indio. En este sentido, Cassany, (1999) explica que, “escribir es una forma de usar el lenguaje, que, a su vez, es una forma de realizar acciones para conseguir objetivos”, los objetivos de los españoles estaban centrados en el aumento de las riquezas y la captación de hombres a la religión cristiana pero también en la transformación de la imagen del indio para su provecho.

Por otra parte, nuestra segunda pregunta requiere de un análisis profundo. Los españoles llegaron con un sistema llamado escritura que era como una magia negra para los indios, esto porque ese sistema les hizo perder poderío y libertad, por su parte los españoles ya habían organizado naciones, formado estados, creado leyes y “Las Indias” no serían la excepción, la conquista estaría acompañada de un grupo de hombres formados que resolverían cualquier problema legal o educativo para que la instauración de España en las nuevas tierras no fallara.

En consecuencia, nació eso que el profesor Ángel Rama denominó “La ciudad Letrada”, esta fue la encargada de solidificar el poder de los colonizadores ya que las letras solo serían accesibles para un pequeño grupo de hombres, en un principio liderados por los
misioneros quienes abrirían espacios destinados a estudios sociales y religiosos. En Venezuela tenemos varios ejemplos, y me gustaría mencionar el de la Universidad de los Andes creada por Fray Juan Ramos de Lora, en principio solo era un “colegio seminario” donde se dictaba, filosofía, teología y cánones, más tarde pasó a ser la casa de estudios que hoy conocemos. Es decir, la creación de universidades no fue para la educación y civilización de los hombres sino para perpetuar un poder, en este caso el español, quien necesitaba urgentemente de un aparato propagandístico que naciera en América pero que llegará al viejo continente.

De ahí que ser parte de una comunidad que manejara las letras era una de las formas de eliminar a los otros y esos pasarían (indígenas, mujeres, negros, mestizos más adelante) a ser una mayoría. Los indígenas, y luego los negros, serían marginados porque su lengua no era parte de la lengua, esa que, por ser la manejada por la élite de poder, debía ser la estudiada porque los españoles eran los poseedores de la lengua, la cultura, la religión. Así la tarea comercio de la colonización se alió perfectamente con la tarea educación evangelizadora y formó un eje de poder prácticamente inquebrantable, “solo el grupo mercantil puede asemejarse al intelectual” Rama, (1998). Con una garantía publicitaria los españoles sabían que podían mantener el control, no solo de los habitantes de “Las Indias”, sino de aquellos que estaban más allá de esas fronteras, sublevarse ante el más grande imperio del momento era la única salida posible.

No sería justo terminar este análisis sin hablar sobre la percepción del otro ¿y quién es el otro? El otro es el indígena, el otro es el español; dos tipos de hombres con costumbres distintas que se toparon pero no se admitieron. Las pruebas de este rechazo hacia el otro se pueden leer en El Diario de Cristóbal Colón y La Brevísima Relación de la destrucción de las Indias, dos textos que nos presentan la conquista como una sucesión de hechos desafortunados en el encuentro con los otros.

En su narración Colón logra que su versión de la historia sea casi incuestionable, en principio habla de los indígenas buenos, de pacíficos hombres que viven a gusto con su entorno y, lo más importante, que pueden ser evangelizados sin ningún tipo de resistencia, progresivamente esta visión va cambiando; son definidos con una gran sutileza para crear imágenes horrorosas de hombres salvajes que incluso se pueden comer a otros hombres e infligen dolor a su propia gente, todas estas descripciones rayan en lo fantástico. Lo narrado por El Almirante, pasa de lo ficcional a lo histórico debido a que solo hay una visión de los hechos que es imposible cuestionar; lo narrado por Colón no podía ser falso, él era un enviado de la corona y de Dios, es decir, sus intenciones eran puras. Solo había un problema, el conquistador de América basaba sus descripciones de la realidad sobre la base de conocimientos pasados, su reconocimiento era en realidad una constante comparación con su nación, con los hábitos europeos y con su religiosidad, es por esto que, “los nombres de las cosas y de los lugares y de la visión misma del Conquistador de América representan una proyección de la realidad europea” (Rosenblat, s.f). Desde lo religioso a lo natural, se buscó una cercanía con Europa y el manejo del discurso terminó en el manejo de lo histórico y la eliminación literal e histórica del indígena.

En ese mismo orden de ideas, podemos notar la supresión de la otredad con fines mercantilistas porque “Las Indias” y sus habitantes se convirtieron en la forma más efectiva de enriquecer a la corona, pero también a la iglesia católica que desde siempre le ha interesado sumar más almas perdidas a su organización. De esta manera se materializó otra forma de eliminación del otro: la de reducir al indígena a objeto productor de riquezas para la corona. Esta forma de eliminación solo reconocía al indígena en tanto creador de artesanías y grandes espectáculos, incluso los colonizadores llegaron a mostrarse sorprendidos con su gran talento para la creación de templos pero el reconocimiento no rebasó esa barrera. Los indígenas eran un objeto capaz de generar mucha riqueza en muy poco tiempo, a pesar de esta “ventaja” los españoles no se preocupaban por mantenerlos en buenas condiciones humanas ni físicas sino todo lo contrario eran explotados en minas y condenados a muerte por el más mínimo visaje de sublevación ante el poderío español.

Como he mostrado, el indígena sufrió de muchas formas su eliminación por parte de los españoles, pero hay una que me gustaría comentar por su ágil manera de pasar desapercibida, esta es la imagen del indio relatada por Fray Bartolomé de las casas en La Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias. En ese texto el Fray busca ofrecer una imagen más pura del indígena y dejar constancia de su rotunda inconformidad con la forma en la que sus compatriotas españoles habían llevado a cabo la posesión de las tierras y de los indios por su perfil violento y sanguinario. Para él es una forma de ejercer el sacerdocio, de seguir los mandatos de su Dios, es esencial para no estar en el mismo rango que los militares que asesinan por riquezas. Así Las Casas se inclina por la igualdad: los hombres son hechos a imagen y semejanza del Dios cristiano, por tanto, todos deben ser reconocidos porque hay leyes naturales que aplican para todos los seres humanos en equidad. Pero en el reconocimiento del otro por parte de Las Casas hay un problema, es a ese al que me refería cuando dije que es ágil para pasar inadvertido; el reconocimiento del otro se quiebra cuando Bartolomé de Las Casas afirma que los indios tienen una naturaleza cristiana que los hace obrar de forma bondadosa, que los conduce a desdeñar las riquezas para vivir con humidad y sumisión ante un Dios que ni siquiera conocen. En La Brevísima se elimina al indígena en su estado natural, se elimina al español por asesino y esto también impide el reconocimiento del otro, en palabras de Todorov, (1987) no se puede hablar del tercero desde una igualdad forzada porque “consiste en identificar pura y simplemente al otro con el propio “ideal del yo””

En conclusión el poder español logró extender un silencio que empezó desde el momento en que Colón se comunicó por señas con los indios, el silencio se convirtió en historia y su práctica marcó la modernidad para América a través de una legalidad unilateral donde las matanzas eran justificadas pero el canibalismo no y dio paso para el exterminio de la pluralidad cultural que todavía hoy se intenta rescatar. Nuestro continente necesita de verdaderos reconocimientos, de que las voces marginadas se hagan escuchar y la codicia no sea el motor para impulsar naciones.

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6 comentarios sobre “A Propósito de Encuentros: breve aproximación a la imagen del otro en la Conquista de América

  1. He conocido tu blog gracias a un comentario en literáfrica. Me gusta cómo te has planteado el blog, mucho ánimo para seguir.
    Me gustaría invitarte a tomar un té con hierbabuena en El zoco del escriba y así podamos seguir hablando del libro que prefieras.
    Un fuerte abrazo.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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  2. Nuestro continente necesita de verdaderos reconocimientos, de que las voces marginadas se hagan escuchar y la codicia no sea el motor para impulsar naciones.

    Difíciles propósitos en un mundo – ya no un continente – donde la codicia se ha convertido en lo habitual. Es un placer leer tus críticas literárias.

    Le gusta a 1 persona

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